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domingo, 28 de septiembre de 2008

Paté de calabacín.

Ingredientes:

4 calabacines medianos.
50g de avellanas.
Una ramita de romero.
Una ramita de tomillo.
Aceite de girasol.
Sal.
Un vaso de vino blanco.

Preparación:

Lavamos los calabacines y los picamos finitos para saltearlos un poco y que se hagan rápido, y las colocamos en en una sartén con un chorro de aceite a fuego medio para saltearlo. Machacamos las avellanas en un mortero o con la batidora y las añadimos al calabacín, junto con las ramas de romero y tomillo. Cuando el calabacín comience a estar blandito, vertemos el vaso de vino blanco y dejamos que reduzca a fuego bajo para que pierda el alcohol y que el calabacín coja su aroma.
Una vez que el vino haya reducido, separamos las ramas de las hierbas y colocamos en el vaso de la batidora para triturar la mezcla. Una vez batido, si queda demasiado espeso, cosa difícil que ocurra, se le puede añadir un chorrito de aceite de girasol.
Una vez se enfría, fuera de la nevera, ya está listo para servir, con un sabor muy agradable gracias a las avellanas, que también le aportan una textura peculiar.

¿Han de ser ramas, o vale la especia de frasco?
Yo prefiero las especias directas de la rama, ya que suelo recogerlas de la montaña y me siento mejor usándolas, pero claro que sirve, yo las utilizo en infinidad de platos las de frasco, muchas veces es la única manera de acceder a ellas. Aunque siempre es preferible fresca.

Paté solidario.
Ésta receta fue la que utilizamos para uno de los patés que aportamos en la cena de la penya Picaporta de Mislata para el sopar popular i nit d'Albaes en el que colaboramos con una pequeña muestra de gastromía vegana.

Patés.
Siempre un placer encontrar patés en la nevera. Bocadillo rapidos, entrantes, montaditos, acompañamientos, picaditas... El paté se mantiene bien guardado en frascos en la nevera y siempre viene bien tener uno preparado a mano.
Preparamos un buen número de patés y a disfrutar de merendolas con pan tostado, como si fuera el cumpleaños de un niño

(Wolfbrigade)

sábado, 30 de agosto de 2008

"Queso vegano" en aceite.

Ingredientes:

100 g de "queso vegano".
80 g de olivas verdes deshuesadas.
20 g de piñones.
1 tomate seco.
Romero fresco.
Aceite de oliva.
Algo de paciencia.

Preparación:

Una vez listo el queso, solo queda marinarlo en aceite con estos ingredientes, colocándolo en un recipiente que tenga tapa, y dejarlo que se cure durante un par de semanas o más en la nevera, para conseguir un queso más fuerte, imitando esas raciones de quesos curados en aceite típicas de la región de Castilla la Mancha.

¿Queso vegano curado? juas, esto es el colmo...
jajaja, sí. Es difícil concebirlo pero una vez que consigues un producto como este, se abre un abanico de posibilidades olvidadas por la dieta que llevamos.
Además, una vez nos hemos deleitado y dado el atracón del primer momento, con la receta original, hemos preparado suficiente producto como para destinarlo a una receta más elaborada, como ésta, que a pesar de su simpleza necesita de un ingrediente adicional que es la paciencia.
Los resultados no te decepcionarán.

El aceite y el resto de los ingredientes...
Para ensaladas, para poner sobre pan, para picar. El aceite absorve los sabores y esto le da un valor extra para usar en crudo en los platos que más nos gusten. Todo se aprovecha.

Vaya, vaya.
Para muchxs veganxs el queso supone una pesada carga, abandonar algo que ha acompañado sus dietas en ausencia de carne, como ovoláctexs, y que muchas veces ha centrado su atención, es difícil.
Esto no es queso, pero desde luego, es lo más parecido al queso que yo jmás haya preparado en casa, algunos intentos han sido fracasos absolutos, jajajaja.

domingo, 10 de agosto de 2008

Paella dominguera total.

Ingredientes (para 6 dominguerxs en el monte):

1/2 pimiento rojo.
1 pimiento verde italiano.
1 calabacin mediano.
Unos cuantos champiñones.
Un poco de bajoqueta (judía perona).
Un bote de alubias blancas, o, si puede ser, 100g de garrofó.
Un poco de tomate triturado.
600g de arroz.
Sal.
Unas hebras de azafrán.
Aceite de oliva.
Una ramita de romero del campo.
Agua.
Una paella para 6 personas.
Fuego, a base de leña.

Preparación:

Lo primero es preparar el fuego, en un paellero, una vez lo tenemos listo, mientras nuestrx compinche de cocina va cortando la verdura en daditos, no muy pequeños, una vez cortada la verdura y escurridas las alubias, ponemos la paella en sobre el fuego, con un buen chorro de aceite, y con ojo de que el fuego no esté extremadamente fuerte.
Echamos la verdura y las alubias, todo a la vez, que en el monte suele haber prisas para comer, jajaja, la movemos frecuentemente, porque el fuego de leña es más imprevisible que el de los fogones de la cocina. Echamos sal y seguimos moviendo hasta que la verdura esté blandita y algunos trozos se nos hayan quemado por el fuego, que hay que controlar en todo momento.
Ahora echamos las hebras de azafrán y removemos, enseguida, unas cucharadas de tomate triturado, esta medida es a gusto de quien cocine, yo suelo echar bastante. Removemos bien, para que no se nos queme y en un par de minutos añadimos el agua.
La cantidad de agua depende del arroz que vayamos a poner, por lo general echamos por encima de los clavos de las asas, que es la altura a la que debe reducir para añadir el arroz. Y dejamos hervir hasta que llegue a la altura de los clavos con la ramita de romero.
En este momento, podemos asegurarnos de si la paella está nivelada, y jugar con ella hasta que encontremos el nivel, cosa que a veces es más difícil de lo que parece.
A fuego fuerte, colocamos la leña para preparar la cocción del arroz, que añadimos cuando el nivel del caldo haya llegado a los clavos. De un extremo a otro de la paella hacemos un surco de arroz en línea recta, dejando que sobresalga un par de dedos por encima del caldo, con la medida de arroz en la mano se verá más claro, pero es muy sencillo y pronto se le coge la medida.
Esparcimos el arroz para que se distribuya por toda la paella, probamos de sal, para que no se nos quede soso y dejamos cocer 10 minutos a fuego rápido y los últimos 10 a fuego lento. Pasado ese tiempo, tapamos la paella con periódico para que repose.
En unos minutos a comer.

¿Dominguerxs? no gracias!
Fuimos a pasar unos días en un pueblecito de Teruel, y que menos que hacer una paella en el monte, porque la opción B era una torrà de embutido lugareño, jjuausjaus. Eso sí, nosotrxs fuimos en miércoles.
Acudimos a una zona habilitada con paelleros, zona de comida y fuente, en Dornaque, en medio de la sierra, rodeadxs de coníferas.
Las zonas con paelleros son los únicos espacios donde se puede hacer fuego al aire libre en el estado, por peligro de incendios, que anualmente arrasan los montes (aunque generalmente sean provocados por cuestiones especulativas y los menos por descuidos). En los montes valencianos, la prohibición llega a alcanzar muchas veces incluso estas zonas recreativas.
El fuego es un peligro como pudimos comprobar por las fuertes rachas de viento que acompañaron toda la preparación.

La leña y el fuego.
Como nativxs valencianxs, el fuego nos acompaña desde nuestro nacimiento. A los pocos mese recibimos un baño en llamas y solo los bebés que no se abrasan son llamados a pertenecer a la exquisita raza de los valencianos. Pólvora, llamas y fuego son los emblemas de esta estirpe....jaajajajaja
La cocina de paellas a leña es una costumbre muy valenciana, generalmente en las fiestas de los pueblos suele prepararse una paella gigante o un concurso de paellas; también en fallas y en fines de curso son clásicas las paellas al aire libre.
Es relativamente sencillo preparar una paella a leña, y generalmente mucho más sabrosa por lo que tiene de participativo, popular y entrañable. Suele cocinarse en grupo y esto hace que se mantenga unas relaciones de comunidad que la cocina de cualquier casa, por cuestiones de espacio, no permite.
Las paellas al aire libre suelen ser muy familiares.

Garrofó ¿y eso que es?
Es una legumbre, muy típica de Valencia, sobre todo en las paellas y arroces, que tiene un tamaño mucho mayor que las alubias, tres veces más grande por lo menos, es muy apreciada en nuestra cocina y generalmente en el resto del estado no suele encontrarse, en Madrid una vez vimos unos botes que ponía "alubia granja", que eran de un tamaño similar.
Aquí las podemos conseguir o frescas, en sus vainas, para desgranar, o bien congeladas como arreglo de paella o solas.